lunes, 2 de noviembre de 2009

"VIDA DE SU VIDA" F.J. Huegel

LA VIDA CRISTIANA, UNA PARTICIPACIÓN, NO UNA IMITACIÓN

CAPÍTULO I

Es imposible hacer un estudio del Nuevo Testamento, sin experimentar unA verdadera sacudida frente a la diferencia que existe entre la vida cristiana como la vivimos y el ideal del Maestro. Son tan evidentes las incongruencias y tan alentadoras y dolorosas las contradicciones, que muchas personas que tienen un conocimiento superficial de las palabras del Salvador, se sorprenden sobremanera; y nos atrevemos a decir: que aun aquellos que nunca han leído las páginas del Nuevo Testamento también son sacudidos.-

Cuando comparamos el cuadro de la vida cristiana presentado por los apóstoles, con lo que hoy día se presenta bajo ese nombre, sentimos que titubeamos. El contraste es tan grande, como el que hay entre el cuerpo extenuado de un amigo moribundo –por no decir el cadáver- con aquel que, en días de vigor y de salud caminó a nuestro lado.-

No tengo por objeto criticar al cristiano moderno. Tampoco estoy disgustado con la Iglesia; ni pretendo hacer el papel de iconoclasta. Por treinta y nueve años he sido misionero de la Cruz y no pretendo desertar de sus filas. Mi único propósito al llamar la atención a nuestros fracasos como cristianos, es señalar el camino de la vida victoriosa en Cristo, para aquellos que, conscientes de su pobreza espiritual, “tienen hambre y sed de justicia”.-

Es para el cristiano que se encuentra al borde de la desesperación, por el horrible cuadro que presenta su fracaso al tratar de reflejar fielmente la imagen del Maestro, para quien tengo un mensaje. Es para el que tiene sed del agua de la vida, que lejos de apagarla, ésta lo consume y lo enferma de deseo, y a éstos me propongo desenvolver el secreto de la vida abundante, la vida a la que se refirió Jesús, cuando dijo que: “ríos de agua viva” brotarían de aquellos que creyeran. Es para el que está aburrido por las mofas, enfermo por la falsedad humana, que ha sido víctima de una aversión personal íntima, para el que siente que como cristiano debe libertarse del poder del pecado, y que a pesar de todas sus luchas es despedazado por el sentido de su fracaso; es para quien está en cualquiera de esas situaciones, para quien anhelo presentar el mensaje de la Cruz. También para los que anhelar poder –el poder que viene de arriba-, para los que desean que su vida, servicio, ministerio y predicación sean saturados con el Espíritu del Dios Vivo, tengo una palabra que indudablemente dará lugar a un nuevo día.-

Antes de entrar a la definición de mi tesis, conviene resumir algunos de los requisitos indispensables de la vida cristiana. Debemos andar como Él anduvo (1ª Juan 2.6). Debemos amar a nuestros enemigos (Mat. 5.44). Debemos perdonar como Jesús cuando en la vergüenza y la angustia de la Cruz, perdonó a los que blasfemaban de Él y le crucificaban (Col. 3.13). Debemos ser agresivamente bondadosos para con quienes nos odian, y debemos orar por los que nos aborrecen (Mat.5.44). Debemos ser vencedores: más que vencedores (Rom. 8.37). Debemos agradecer todo, aún aquellas cosas que destruyen nuestras esperanzas más amadas, porque todo obra juntamente para nuestro bien (Rom 8.28; Efesios 5.20).-

Para nada debemos estar afanosos. Nuestras peticiones deben ser notorias delante de Dios, en toda oración y ruego, con hacimiento de gracias (Fil. 4.6). Debemos gozarnos en el Señor siempre (Fil. 4.4). Debemos pensar en todo lo que es bueno, en todo lo honesto, en todo lo que es justo, en todo lo que es puro, en todo lo amable, en todo lo que es de buen nombre; si hay alguna virtud, si hay alguna alabanza (Fil. 4.8). Debemos ser santos porque Dios es Santo (1ª Pedro 1.16). El Salvador dijo: que si creemos en Él brotarán de nuestro ser, ríos de agua de vida (Juan 7.38). Debemos ser irreprensibles, en contraste con el maligno y perverso; sin mancha y sin culpa, resplandeciendo cual luminares, como hijos de Dios (Fil 2.15). Debemos odiar nuestros yo, no mimarlo, ni cuidarlo o buscarlo amándonos a nosotros mismos, sino literalmente odiarnos y renunciar diariamente a nuestro yo (Mat. 16.24). Se nos ha dicho que no podemos ser discípulos de Cristo sin renunciar a nosotros mismos, completa y absolutamente en todas las cosas y a cada momento (Luc. 14.26). Pablo dice que nuestros afectos deben ser puestos en las cosas de arriba (Col. 3.1).-

Con eso es suficiente. No necesitamos ir más adelante, hacerlo, sólo aumentaría nuestra vergüenza, nuestro dolor. Debido a ello estamos procesados. No somos lo que Cristo quisiera que fuésemos. Sí, ésta es la medida de la vida cristiana; éstas son las bases por las que hemos de ser juzgados; esto es lo que demanda Dios de nosotros como cristianos, pero en cambio, exclamamos nosotros como Isaías lo hizo:”¡Ay de mí! que soy muerto”.-

Si el Salvador es tan tierno y entendido, tan amoroso y tan sabio, ¿por qué no incluye requisitos que estén más de acuerdo a la naturaleza humana? ¿Por qué nos parece irracional? ¿Por qué no demanda de nosotros cosas que razonablemente podamos alcanzar? No ordena volar, y no tenemos alas.-

Cuando se habla del superhombre, no solo hemos de referirnos a la sobreabundancia de hombre; más bien el hombre-deificado, si se permite la expresión; es lo que el Nuevo Testamento proclama como el verdadero tipo del cristiano. ¿Qué hace al Salvador ver más allá de lo meramente natural, y hace descansar la vida cristiana sobre bases supra naturales? ¡Yo protesto! No es natural amar a nuestros enemigos, no es natural estar siempre gozosos, no es natural sentirse agradecido por las cosas que hieren; no es natural aborrecerse a uno mismo; no es natural andar como Jesús anduvo. ¿Nos hemos enfrentado acaso honradamente con lo que ese dilema implica? ¿Somos poseedores del valor que se necesita para enfrentarnos con lo que la Palabra de Jesucristo demanda de nosotros? ¿Qué ganamos con tratar de engañarnos a nosotros mismos, diciendo que, después de todo, la diferencia que existe entre lo humanamente posible y la ley de Cristo, no es tan grande, en cuanto se refiere a lo que podemos alcanzar por nuestra naturaleza misma y lo que Dios nos pide en su Palabra? .-

Si el sistema cristiano no puede ofrecer una respuesta satisfactoria, merece las calumnias de sus enemigos, pero mi argumento como se verá en los capítulos siguientes, es que, positivamente todo eso es posible. Sin embargo, el cristianismo debe enfrentarse con el grave cargo que se le hace de su demasiado énfasis, de la exageración, del fanatismo, o como quiera que se llame a la falta de ajuste entre la ley de Cristo y la naturaleza humana.-

El dilema no es nuevo. El gran Apóstol de los Gentiles, afirma francamente la convicción que tiene, en el sentido de que, la naturaleza humana, por sus propios méritos y esfuerzos, nunca puede alcanzar el ideal de Cristo. Pablo presenta un hecho evidente de que es imposible alcanzar la leu de Cristo como ideal, por más esfuerzos que la naturaleza humana haga para adaptarse a ella; y al hacer resaltar esa verdad en todo su realismo, en ninguna forma disminuye la incongruencia de su fondo.-

Esa misma verdad se confirma con el hecho que atestigua Romanos 7. Allí está la confesión del fracaso del Apóstol, su grito de desesperación, la amarga pena de encontrar que no se puede alcanzar el ideal cristiano. Se pueden escuchar los gemidos que le arranca aquel terrible dilema, y sinceramente admite que los requisitos de la ley de Cristo son algo a los que la naturaleza humana, como tal, nunca puede ajustarse; no importa cuánto luche, o cuánto agonice. Par que no se me entienda mal, y que el lector pudiera confundirse con algo que aparentemente no es ortodoxo, voy a citar las mismas palabras del Apóstol Pablo: “Porque no hago el bien que quiero; mas el mal que no quiero, este hago… Porque según el hombre interior, me deleito en la ley de Dios. Más veo otra ley en mis miembros: (sí, allí está lo que incomoda) que se rebela contra la ley de mi espíritu y que me lleva cautivo a la ley del pecado que está en mis miembros. ¡Miserable hombre de mí! ¿quién me librará del cuerpo de esta muerte?” (Rom. 7). Pablo lucha, agoniza, llora, se esfuerza como sólo puede hacerlo ese gigante moral, uno de los más grandes de todos los tiempos, como sólo él puede luchar. Todo, sin ningún provecho. Confieso que la ley del pecado, como avalancha de una poderosa corriente, barre con todo lo que se encuentra a su paso.-

CONTINÚA....

martes, 27 de octubre de 2009

"VIDA DE SU VIDA" F.J. Huegel

"PREFACIO"

Hay algo que para el misionero es inevitable. Si espera progresar encarando obstáculos aparentemente insuperables, al tratar de iniciar un nuevo día para las almas esclavizadas; es decir, si ha de cumplir con los que Dios quiere que haga, y con lo que la Iglesia espera que haga, y si ha de producir aquello que el corazón destrozado necesita recibir de parte del que viene como embajador de la luz; es necesario que ante todo, él mismo se apropie plena y profundamente el camino de poder que ofrece Jesucristo. Necesita ceñirse al Cristo vencedor que a través de los siglos y por medio de sus discípulos ha logrado lo imposible. Debe traspasar el nivel del simple conocimiento intelectual del Cristo histórico, entrelazando las fuerzas de su naturaleza espiritual en el Cristo Eterno hasta injertarse en la vida divina.-

El trabajo que pretende llevar a cabo, demanda fuerzas sobrehumanas. Lo puramente humano, por noble que fuera, por fuerte y cultivado que se encontrara, no es suficiente y resulta tan inadecuado como unos cuantos carbones encendidos lo serían, para combatir la fiereza de un temporal en el ártico. Por consiguiente, el misionero debe traspasar lo puramente natural y hendirse en lo sobrenatural. Debe poseer la experiencia del Cristo viviente, hasta que, despojándose de su propia vida, sea poseedor en forma creciente de buena medida de la vida divina.-

De acuerdo con la promesa que el Salvador hizo a los suyos, sólo cuando brotan de lo íntimo del ser, “ríos de agua viva”, es posible renovar la vida del estado en que le encuentra.-

Puede ser que su temperamento no contribuya a guiarlo por las solitarias praderas de la fe. Es posible que llegue hasta sentir aversión por los elementos místicos del cristianismo. Pero la fuerza de las circunstancias, como huracán furioso, habrá de arrancar las amarras de un conocimiento intelectual de las verdades cristianas, hasta lanzarlo a lo profundo de la experiencia vital de la gracia redentora. Es decir; que a menos que Cristo se constituya para él en una realidad mayor que todas las demás aún, que la realidad del universo; y a menos que aprenda a acercarse a Cristo ha a hundirse en El, hasta perder su ser, para surgir después, del manantial del Dios Eterno cargado del mismo poder que descendió sobre los apóstoles, está ya condenado por la naturaleza misma de las circunstancias a la derrota más completa.-

La fuerza del mal que tiene que vencer será tan destructora de su propósito y tan desdeñosamente subversiva de su mensaje, como poderoso Gibraltar que se levanta con un poder invencible en contra de las olas del océano.-

Los capítulos siguientes son nada más un esbozo sencillo de la posición a la que me vi conducido como misionero de la Cruz. Quiero compartir con los cristianos de toda la tierra y con todas las denominaciones, las benditas experiencias del Cristo que mora interiormente, esos tesoros inconmensurables que ha venido a ser míos, mediante una honda participación en Cristo. Quiero hacer de la propiedad común de la Iglesia, esa inefables experiencias que son el fruto de la unidad en Cristo; ese Cristo sin quien el misionero, debido a la situación peculiar en que se encuentra más que ningún otro, comprende que nada puede hacer.-

No puedo, sin embargo, enviar esto mensajes, sin reconocer la deuda de inmensa gratitud que debo a la finada Sra, Penn-Lewis, cuyos escritos sobre los aspectos más profundos de la Cruz, y cuya inexistencia sobre la identificación del creyente con Cristo en su muerte y en su resurrección, han significado tanto para la Iglesia en años recientes. Dios se sirvió en gran manera de los escritos de la Sra. Penn- Lewis para atraerme a la posición victoriosa en Cristo que los mensajes que siguen tratan de presentar.-

Con la esperanza y la ferviente oración de que mis bondadosos lectores obtengan gracia para realizar en su propia experiencia, esta unidad más profunda con Cristo; de tal manera que su gozo pueda ser aquel gozo que es ”inexpresable y lleno de gloria” y su paz; aquella “paz que sobrepuja todo entendimiento”, y su vida: aquella “vida abundante” que es eterna y fluye del trono de Dios, pongo estos mensajes sobre el altar de mi Señor, para que El pueda usarlas en la edificación de “los santos” y para la gloria de su Nombre.-

F.J. Huegel

Ciudad de México, D.F.

viernes, 23 de octubre de 2009

"VIDA DE SU VIDA" F.J. Huegel

He decidido poner el último capítulo de este libro que está agotado y es muy interesante para todo creyente. Para motivar su lectura, empiezo por el final e iré reproduciendo desde el principio el contenido de este libro editado en el año 1956 en Méjico y que está agotado.-

CAPÍTULO XII

1. Su relación con la Iglesia

No se puede negar que es revolucionaria la posición que hemos estado considerando y que envuelve cambios radicales en todas las fases de la vida. Como nunca antes, “las cosas viejas han pasado,, he aquí todas son hechas nuevas”. El creyente se convierte en “criatura nueva”. Habiéndose terminado la vida vieja por medio de la cruz de Cristo, en cuya participación más profunda resulta una participación cada vez más completa en el poder de la Resurrección.-

Es de esperarse que esta posición afecte grandemente la relación del creyente con la Iglesia, como organización visible. En cierto modo le proporciona una nueva relación. Su adhesión a la verdadera Iglesia, que es el Cuerpo Místico de Cristo, se hace tan profunda y tan real, que él mismo no se siente tan obligado hacia la Iglesia visible, en la forma en que se encuentra organizada (probablemente debería decir desorganizada) por la mano del hombre. Es natural que al morir a la “vida del yo”, se muera a todo lo que es alimentado por la “vida egoísta”. Eso quiere decir que en cuanto algo está en desacuerdo con el Espíritu Santo (y nadie, aún los siervos más devotos, dejarán de reconocer que en muchos aspectos están en desacuerdo) porque se dé lugar a la “vida carnal” que se manifiesta en lucha, en odio sectario, en distingos de clase, en doctrinas no sanas, en antipatías raciales y cosas semejantes; repito, la Iglesia que no expresa la mente de Cristo, simplemente fracasa en el esfuerzo de poseerlo de lleno. Se muere a toda forma de “vida carnal” sea dentro o fuera de la Iglesia.-

La conexión que ata a Cristo es tan fuerte, que el individuo se encuentra unido a todos los que gozan también de esa fe preciosa, a pesar de tener filiaciones denominacionales diferentes. Si alguien es Metodista, se siente bien en la presencia de un Episcopal, o de un Bautista, o de un Presbiteriano, y experimenta unidad espiritual perfecta con cualquier otra organización cristiana que se encuentra arraigada en Jesucristo, como se sentiría con los de la Iglesia a la que él mismo pertenece. La cosa deja de ser un mero procedimiento eclesiástico para convertirse en vida. Cuando sube la marea de la vida divina y sube lo suficiente, (siempre baña las playas de aquéllos que han aprendido a estar con Cristo en su proceso de muerte y resurrección) simplemente borra toda clase de barreras eclesiásticas; destruye las poderosas paredes de cualquier secta. No se puede tener unidad perfecta con Cristo en su muerte y resurrección y a la vez dejar de sentir unidad, también perfecta, con aquéllos que reciben el mismo influjo de la vida celestial, sea cual fuere su filiación denominacional: como tampoco se podría ser miembro de alguna familia y desconocer los lazos familiares que unen a los miembros de ella.-

Eso no implica que dejemos de tener preferencias. Tampoco quiere decir que dejemos de ser Bautistas, Presbiterianos, Discípulos o Luteranos, según sea el caso, como no podríamos pedir que alguien dejara de ser francés, inglés, norteamericano o alemán. Una unidad orgánica nunca conseguiría la unidad a que hacemos referencia, como tampoco pueden disolverse las diferencias denominacionales que ya existen.-

Encontrándonos sentados con Cristo en lugares celestiales, podemos contemplar la vida desde ese plano elevado, con la conciencia de estar libres de toda lucha trivial. Ya no nos alteran los prejuicios raciales; desaparecen las distinciones de clase; y no aprobamos las luchas sectarias. La gran fuerza discordante del universo que es madre de todo pecado, es destruida en cuanto podría afectarnos a nosotros. La cruz de Cristo crea para nosotros otro universo, nuevo y armónico. El amor que tenemos (el amor de Cristo que nos constriñe) fluye en anhelo de simpatía por el bienestar de todos los hombres. “Ven conmigo, esposa mía” dice el Amado del Cantar de los Cantares, que es Cristo, “mira desde arriba….” (Cantares 4.10).-

Cuanto se relaciona con las ceremonias de la Iglesia, deja de ser nuestra base fundamental. No quiero decir que dejemos de participar en las formas ceremoniales de nuestra propia iglesia. Esas tienen su lugar, y siempre han de ser consideradas como medios importantes de gracia. Cuando digo que dejamos de depender de ellas, es que ya no vemos el símbolo sino lo que significa. Por ejemplo, siempre reconoceremos el Bautismo como un rito instituido divinamente y que significa renovación interna, “porque somos sepultados juntamente con él a muerte por el bautismo”. El Bautismo señala el camino de la participación espiritual del creyente, es símbolo de la resurrección con Él. Y en la muerte de Cristo; y al mismo tiempo caso de que tal unión con Cristo no se hubiera realizado, cosas que no depende de formas porque sólo se obtiene mediante un rendimiento completo a Él ¿habríamos de seguir dependiendo de las formas? Pablo dice que la violación de la ley convirtió en incircuncisión la circuncisión del judío, y ¿no decimos también nosotros que la violación de los principios cristianos de unión con Cristo invalida de igual manera su bautismo? “La carne nada aprovecha, el espíritu es el que da vida” ¿Podría conformarse una novia con el vestido, el anillo, la ceremonia de la iglesia, el reconocimiento legal, etc., para satisfacer sus nupcias aunque su esposo estuviera viviendo descarriadamente? ¿No tiene ella derecho a exigir comunión, fidelidad, amor, pureza, en una palabra, unidad de espíritu? ¿Quedará satisfecha la esposa celestial con ceremonias, con formas, con símbolos vacíos que no le pertenecen en espíritu?. El nos llevó consigo hasta la cruz a fin de aniquilar para siempre la “vida egoísta” y todo aquello que pudiera interponerse entre Él y los de Su casa, para que fueran unidos en matrimonio espiritual y santo con El. ¿Nos atreveríamos acaso a ofrecerle puros arreos que le privaran de la realidad?”Por tanto, nadie os juzgue en comida, o en bebida, o en parte de día o fiesta, ode luna nueva, o de sábados: lo cual es la sombra de lo provenir; mas el cuerpo es de Cristo” (Col.2.16-17).-

2. Significado para las Misiones

Es en el campo de las misiones y en el trabajo misionero donde tiene mayor efecto esta posición. Yo mismo he puesto a prueba el significado del principio de la identificación con Cristo en su muerte y en su resurrección. El resultado ha sido tan asombroso y satisfactorio, tan útil y bendecido, que yo mismo veo los años ya idos, los que pasaron antes de mi experiencia del poder de la Cruz, como años casi perdidos. Yo también caminé con pie inseguro. Yo mismo me esforcé por llegar a una meta incierta; eché mano de armas inseguras. Yo también generé frutos poco satisfactorios, pero ahora puedo ver a qué de debió que una buena parte de mi trabajo no fuese satisfactorio y sí perjudicial.-

Al predicar a Cristo con el poder del fervor “originado egoístamente”, mutilé al Salvador y no di oportunidad para que se revelara cual El es. Cristo debe ser predicado en la experiencia cristo-céntrica, en plena posesión de Cristo, en la vida cuyo poder es Cristo. No se puede predicar a Cristo verdaderamente, hasta que el mensajero se esconda con El en Dios, para que ya no sea éste el que habla, sino Cristo a través de él. El mensajero debe aprender a sepultarse en las heridas del Salvador y a morir a su propia vida si ha de presentar a Cristo en forma apostólica a las almas que perecen.. El mensaje debe llevar ríos de agua viva. El mensajero debe estar inundado de vida divina si es que va a proveer la oportunidad para que otros aprecien a Cristo y lo vean en su gloria verdadera. Si el Evangelio no es “predicado con el poder del Espíritu Santo que desciende de los cielos”, no es el Evangelio aunque se procure ser fiel a la “letra”. “La letra mata, mas el espíritu vivifica”.-

Los directores de la obra cristiana en muchos países, han llegado a ver con claridad que el movimiento misionero está pasando actualmente por una grave crisis. Ha desaparecido la nota triunfante de hace cincuenta años. Los mismo misioneros en todas partes confiesan que el trabajo de nuestros días, no es como el que se describe en el libro de Los Hechos. Desde que el Salvador declaró la Gran Comisión, se ha extendido de manera inconcebible la maquinaria de las misiones, y, sin embargo, las misiones no han sido capaces de romper el poderío de la “vida vieja” ni de acabar con el paganismo. Las personas que se convierten, no tienen el poder de Cristo; Cristo no es el centro de su vida. No son cristianos poseídos de Cristo, radiantes, con gozo de vida celestial, hecho por la gracia divina. Por supuesto que hay excepciones muy notables en algunos campos misioneros, pero de todos modos existe el hecho de que el esfuerzo misionero se encuentra en una nivel de efectividad muy pobre en casi todo el mundo.-

La razón principal para que eta situación exista es que no hemos exaltado bastante la Cruz. Un Evangelio diluido, puede atraer adeptos en tierras paganas pero no podrá producir los resultados que el Señor espera, que son los que brotan de la obra de redención consumada en la Cruz del Calvario. Tampoco puede éste competir con las fuerzas poderosas del paganismo para destruir su poderío y conseguir que la fuerza redentora sea la que ocupe su lugar. Es sólo el Evangelio que lleva las almas a la experiencia de la crucifixión interna (la muerte de la vida antigua) y una gloriosa resurrección, que resulta de la unión interna con Cristo,(como la que se tiene únicamente por medio de la Cruz, que es la que destruye la “vida vieja” en Cristo) pueden tener éxito para vencer al “hombre viejo”, porque eso no se logra luchando por uno mismo, o por el empleo de formas eclesiásticas o por medio de la cultura cristiana. Esa vida cristiana, disfrazada, sincera como puede ser, tarde o temprano habrá de desmoronarse bajo la fuerza a la que está sujeta en los pueblos que no son cristianos..-

3. En relación con la Oración

Al considerar la oración a la luz de la “co-crucifixión”, encontramos que allí está su verdadera base. La oración no significa nada si no es comunión, y la verdadera comunión solamente se puede efectuar cuando la “vida vieja” termina, ya que no puede tener comunión con Dios, puesto que en Cristo fue condenada y potencialmente puesta a muerte.-

La razón por qué muchos están encontrando la oración tan poco satisfactoria y la vida de oración sin ningún atractivo, es porque han intentado entrar en los caminos celestiales de la oración en la fuerza del “hombre viejo”. El hombre viejo no puede blandir las armas que no son carnales sino poderosas mediante Dios más de lo que puede “amar a sus enemigos”, o “regocijarse siempre”, o “tener el sentir que hubo en Cristo Jesús” o vivir cualquiera otra gracia cristiana. El hombre viejo puede imitar estas gracias, pero en realidad nunca las poseerá. Esas son “fruto del espíritu”. Vienen de arriba. Son el resultado de la obra de la naturaleza de Cristo, impartidas al creyente e incorporadas en su ser por influencia de la Cruz, y el exterminio de la naturaleza antigua por la participación en la muerte de Cristo.-

La verdadera oración puede ser inaugurada sobre las bases de la co-crucifixión. Esa es la condición primordial. “Si estuviereis en mí, y mis palabras estuvieren en vosotros, pedid todo lo que quisiereis, y os será hecho”. Debemos permanecer en Cristo, pero no podemos permanecer en Cristo en el más completo sentido, sin que entreguemos a la muerte, en el poder de la muerte del Salvador, la vida antigua. (Lo que fue incorporado en la mente de Dios una vez que hemos sido crucificados con Cristo).-

Cuando efectuamos nuestra unidad con Cristo en su muerte y en su resurrección, la oración se convierte en una fuerza maravillosa como la que se observa en la vida del Salvador; el dinamismo invencible que se observa en el Libro de los Hechos, y la que existe en la experiencia inefable de los grandes santos de todas las épocas. Es entonces cuando nuestros espíritus, ya libertados por medio del poder de la cruz, de los carnal y de los deseos del alma “levantarán las alas como águilas”. Es entonces cuando esa comunión con el UNO infinitamente adorable que habita en la eternidad, viene espontánea y naturalmente a su más plena expresión. Es entonces cuando el mandato de “orar sin cesar” deja de ser un mandato ininteligible, porque el espíritu, librado ya dela opresión de “la vida de la carne” y libertado de toda opresión satánica por una apropiación de los beneficios completos de la victoria del Calvario, se levanta para tomar su lugar con Cristo en los “lugares celestiales” en donde la creación es un constante respirar de la vida de Dios. Es entonces cuando la oración, fortalecida por el espíritu del Dios vivo –que solo puede ser hasta que se liberta de todos los ingredientes egoístas- se convierte en gemidos indecibles que remueven montañas y logran lo imposible. Esa es la oración que se convierte en realización de la voluntad divina, y por tanto, debe prevalecer, sean las dificultades que sean; cualquiera que sea el problema, y no importando cuán grande sea la necesidad. Así se pone de relieve la gran disparidad que existe entre lo que le Maestro dijo que la oración conseguiría y la caricatura tan miserable que en la actualidad practican millones de personas, y desaparece ante la oración que florece en toda la gloria de su propia naturaleza.-

Examinando la oración a la luz de la Cruz y de nuestra participación en la muerte y la resurrección de nuestros Salvador, no nos causa la menor sorpresa saber de los progresos realizados por algunos de los grandes luchadores de la oración en la Iglesia, como por ejemplo Hudson Taylor, quien con unos cuantos compañeros de trabajo oró, pidiendo que se levantaran mil obreros cristianos que pudieran extenderse por toda la China, con el resultado de que el Señor no sólo les concedió los mil, sino mil ciento cincuenta y cuatro. Jorge Müller, de Bristol, también recibió, como respuesta a sus oraciones, millones de dólares para el sostén de sus huérfanos. David Brainerd luchó con Dios en las selvas de Nueva Inglaterra pidiendo un avivamiento no sólo para sus propios indios, sino para los grupos de todo el mundo; y de acuerdo con la historia de las misiones, ese esfuerzo se convirtió en el factor más importante para el advenimiento del gran despertamiento misionero moderno. Esos triunfos son anotados en la vida y las obras de aquéllos que conocen al Señor Jesús y el poder de su resurrección y que, como Pablo, tienen comunión con Él en sus sufrimientos. “Y la participación de sus padecimientos, en conformidad con su muerte” (Filipenses 3.10).

¿Será que la crisis mundial con sus agonías económicas, financieras, morales, etc., que han envuelto a todos lo pueblos en densas nubes de pesimismo, tienen su origen a la decrepitud espiritual de la Iglesia?. La Iglesia es la agencia divina para la redención de las naciones. Lo que está sucediendo, en cuanto depende absolutamente de Cristo y de su Iglesia para el desarrollo de las fuerzas morales y espirituales de la vida, sin las cuales lo mismo las naciones que los individuos vienen a ser negros esqueletos de corrupción, por lo que están pasando, repito, es un índice seguro del estado del Cristianismo organizado. El amenazador suicidio de la civilización que verdaderamente está motivando que los corazones de los hombres sucumbas al temor, solamente puede evitarse con el impacto divino que trae el Espíritu de Cristo operando en los corazones de los hombres, y que una y otra vez, como la historia claramente lo revela, ha sacado a las naciones del caos y les ha impartido nuevo vigor y esperanza. La dolorosa necesidad de este día, lo mismo que en todos los tiempos, es la expulsión del monstruo del egoísmo de los corazones de los hombres, y la apertura de las compuertas en la vida de las naciones, para la libre circulación del inmenso amor de Cristo. No hay circulación para las naciones, ni hay otra esperanza para el alma individual.-

¿No daremos, pues, lugar a un Cristianismo puro? Cristo no puede poseernos y hacer que los ríos de agua viva que Él ha prometido, fluyan de nuestros corazones con una fuerza curativa, renovadora, transformadora, y abundante, a menos que estemos prontos a ser desposeídos de nuestra propia vida. Cristo no puede levantar sus edificios sobre los viejos cimientos del egoísmo. El caso no estriba simplemente en que nos neguemos a nosotros mismos ciertas cosas; Cristo nos llevó con El mismo a la cruz; la así llamada vida adánica, terminó potencialmente en el Calvario. ¿No nos sentiremos atraídos por aquel amor que movió al Salvador, que estuvo pronto a dejarse escupir, y pronto para ser colgado entre dos criminales, mientras que la plebe gritaba; listo para ser pisoteado, como si hubiera sido alguna cosa despreciable, para que nosotros pudiéramos tener vida, -no responderemos, repita, rindiéndonos gozosamente a los inmensurables llamamientos del Crucificado?.-

El quiere que participemos de su Cruz; quiere que nos divorciemos de la mente carnal, la que es enemistad con Dios, por una participación en su propia muerte. “En su muerte hemos sido bautizados (Romanos 6.3). Si somos seguidores de Cristo, entonces Su muerte al pecado es nuestra muerte al pecado también; Su resurrección es también nuestra resurrección; Su victoria, nuestra victoria, y Su ascensión nuestra ascensión. Dios nos concede la gracia de echar mano de nuestra completa herencia para que así podamos ser más de vencedores.-

Y ahora, “ a Aquél que es poderoso para guardarnos sin caída, y presentarnos delante de su gloria irreprensibles, con grande alegría; al Dios solo sabio, nuestro Salvador, sea gloria y magnificencia, imperio y potencia, ahora y en todos los siglos” (Judas 24,25)

lunes, 3 de agosto de 2009

LA ALABANZA O CÁNTICOS DE LA IGLESIA ACTUAL

Un problema en las Iglesias hoy es, que toda celebración congregacional se centra en cultos donde, se cantan unos coritos, dirigidos por músicos sin preparación MUSICAL NI DOCTRINAL, se predica un mensaje basado en levantar los ánimos de los oyentes, procurando "regalarles el oído"pero sin que necesiten usar el discernimiento de lo que se les predica, y así, se pasan los años, y la congragación no necesita ni usar su Biblia.

Si presencia un culto y observa a su alrededor, se dará cuenta que el que lleva Biblia, apenas la sabe usar, además, se le dice desde el púlpito, que no se pare a eso, que no pierda la atención al predicador, que eso es lo importante que hay que oir sin perder ripia: LO QUE EL PROFETA DICE.-

La predicación está basada en un solo texto, entresacado de su contexto muchas veces y usado para afirmar algo que en la actualidad, no tiene a veces ni vigencia. Esta forma actual de enseñanza ¿qué mensaje bíblico va a impartir en sus cantos?: Cantos sin contenido, sin unción y saturado de INCONGRUENCIAS BÍBLICAS. Dice un refrán que: "De donde no hay, no se puede sacar" SI NO SE ENSEÑA LA PALABRA DE DIOS, ¿CÓMO VAN A CONTENER MENSAJE BÍBLICMANTE CORRECTO LOS CANTOS DE LA IGLESIA?

Habría que empezar por no admitir todo lo que surge y no dar paso a cantores y predicadores que no conocemos, ni tenemos referencia de que son creyentes siquiera. La Iglesia no puede admitir cualquier canto, como no puede admitir cualquier enseñanza o predicación. La Palabra de Dios exhorta a que "juzguemos" lo que escuchamos y que "probemos los espíritus". Si ya consta en la Biblia esta exhortación a la primera Iglesia del Nuevo Testamento, ¡imagínense a estas alturas, después de 20 siglos de recorrido....!

La Iglesia tiene que ser enseñada a "juzgar" y "probar" bíblicamente, todo lo que se le presenta desde los púlpitos como desde cualquier otro foro: predicaciones, enseñanzas, cantos, libros o en cualquier forma novedosa que se utilice aunque sea dentro de nuestras propias congregaciones. No debemos olvidar que nada es tan dañino al creyente como una doctrina tergiversada, mezclada con mentira y que se nos presenta bajo una "unción espiritual" que no es más que puro espejismo y su final es un desastre en la Iglesia del Señor.-

Los pastores se preocupan más de los juicios a su persona, que de los doctrinales dentro de su jurisdicción y eso, Dios no lo deja sin Su juicio severísimo, pues ponen Su gloria en detrimento y el Señor no lo deja sin revisar, aunque lo demore en el tiempo.-

miércoles, 1 de julio de 2009

"ALLÍ VIMOS LOS GIGANTES" Números 13.34


"También vimos allí gigantes, hijos de Anac, raza delos gigantes, y éramos nostors, a nuestro parecer, como langostas; y así les parecimos a ellos" Núm. 13.34
Continuación....
¡Qué lucha tan incesante y dura! Es muy difícil poder expresar en otro idioma la fuerza del original. Hay cinco cuadros en sucesión.-
En el PRIMERO se representa la idea de numerosos enemigos oprimiendo por todas partes, pero no obstante, sin vencerle, porque el poder del cielo hace una abertura lo suficientemente amplia en el camino para que pueda salir. La traducción literal sería: "Estamos oprimidos por todas partes, pero no vencidos".-
El SEGUNDO paso es el de una persona cuyo camino parece estar completamente cerrado, pero sin embargo lo ha atrevesado y existe la luz suficiente para mostrarle el próximo paso.-
La TERCERA imagen representa un enemigo que persigue violentamente mientras que el divino Protector aún continúa all lado del perseguido. Podemos adoptar la magnífica traducción de Rotherham, "Perseguidos pero no abandonados".-
El CUARTO cuadro, es aún más vívido que dramático. El enemigo le ha alcanzado, herido y derribado. Pero no es un golpe mortal; él puede levantarse nuevamente. Podría traducirse, "Derribado, pero no vencido".-
QUINTO. La imagen avanza una vez más, y ahora parece que se trata de la misma muerte. "Llevando siempre por todas partes la muerte del Señor Jesús en el cuerpo" Pero él no muere, porque "también la vida de Jesús" viene ahora en su ayuda y él vive en la vida de otro, hasta que ha realizado el trabajo de su vida.
La razón por lo cual muchos fracasan en esta experiencia de curación divina, es porque esperaban pasarla sin tener que luchar, y cuando llega el conflicto y se alarga la batalla, se desalientan y someten. Dios no posee nada que sea digno de tenerse y que sea fácil su obtención.-
En el mercado celestial, no existen artículos baratos. Nuestra redención costó todo lo que Dios más amaba, y todo lo que vale la pena de poseerse, cuesta caro.-
Los lugares difíciles, son las verdaderas escuelas de la fe y del carácter y si nosotros vamos a elevarnos sobre la mera fortaleza humana y probar el poder de la vida divina en estos cuerpos mortales, tiene que ser por medio del proceso de un conflicto, que pudiera muy bien ser llamado, el parto doloroso de una nueva vida.-
Recordemos la imagen antigua del arbusto que ardía (zarza), pero no fué consumido, o la Visión de la casa del Intérprete ("El Peregrino") de la llama que no expiraba a pesar de no cesar el demonio de derramar agua sobre ella, porque en el fondo había un ángel derramando aceite constantemente y guardando la llama encendida..-
Tú, amado hijo de Dios que estás sufriendo, tú no puedes fracasar si te atreves a creer solamente, si permaneces firme y rehusas ser vencido.- Un tratado FIN


"ALLÍ VIMOS LOS GIGANTES" Números 13.34

Devocional de "MANANTIALES EN EL DESIERTO"

"También vimos allí gigantes, hijos de Anac, raza de los gigantes, y éramos nosotroas, a nuestro parecer, como langostas; y así les parecíamos a ellos". Núm. 13.34

Sí, ellos vieron los gigantes, pero Caleb y Josué vieron a Dios, Los que dudan dicen, "no podemos ir adelante". Los que creen dicen: "Vamos adelante a poseerlo, porque podemos".
Los gigantes existen para las grandes dificultades y los gigantes están disfrazados por todas partes. Están entre nuestros familiares, en nuestras iglesias, en nuestra vida social, en nuestros corazones; y debemos vencerlos o de los contrario nos comerán, como dijeron estos hombres acerca de los gigantes de Canaán.
Los hombres de fe dijeron, "Son pan para nosotros; nos los comeremos". En otras palabras, "Seremos más fuertes venciéndoles, que si no hubiese habido gigantes que vencer".
Ahora, la cuestión es, que al menos que poseamos la fé que vence, seremos comidos, consumidos por los gigantes en nuestro camino. Tengamos el espíritu de fe que tuvieron estos hombres de fe, y veamos a DIos y Él se cuidará de las dificultades.- Seleccionado

Cuando estamos en el camino del deber, es cuando contramos los gigantes. Cuando Israel estaba marchando hacia adelante, fué cuando aparecieron los gigantes. Cuando volvieron al desierto no encontraron ninguno.
Prevalece la idea de que el poder de Dios en la vida del individuo le eleva sobre toda clase de pruebas y conflictos. El hecho es, que el poder de Dios siempre lleva consigo un conflicto y una lucha. Uno hubiese pensado, que en su gran viaje misionero a Roma, Pablo hubiere sido guardado por alguna poderosa providencia sobre el poder de las tormentas, de las tempestades y de sus enemigos. Pero al contrario, fué una larga y dura lucha de persecución por los judíos, de terribles tempestades, de serpientes venenosas y de luchas contra todos los poderes de la tierra y el infierno, y al fin fué salvaddo por el margen más estrecho, nadando a tierra a Malta sobre el trozo de uno de los residuos del barco naufragado, escapando milagrosamente de una muerte segura.
¿Fué aquello debido a la intervención de un Dios de poder infinito? Sí, como Él es. Y así nos dice que cuando recibió al Señor Jesucristo como la vida de sus cuerpo, inmediatamente le sobrevino un terrible conflicto. En verdad, un conflicto que nunca terminó, una presión persistente, pero de la cual siempre salió victorioso por medio del poder de Jesucristo.
El lenguaje con que describe ésto, es de los más pintoresco. "Estamos atribulados en todo, mas no angustiados; en apuros, mas no desesperados; perseguidos, mas no desamparados; abatidos mas no perecemos; llevando siempre por todas partes la muerte de Jesús en el cuerpo, para que también la vida de Jesús sea manifestada en nuestros cuerpos" CONTINUARÁ

miércoles, 6 de mayo de 2009

"LUMINARES EN EL MUNDO" por V. Glez. Boto

LECTURA EN LA EPÍSTOLA A LOS FILIPENSES cp. 2.12-18

"Por tanto, amados míos, como siempre habéis obedecido, no como en mi presencia solamente, sino mucho más ahora en mi ausencia, ocupaos en vuestra salvación con temo y temblor, porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad. Haced todo sin murmuraciones y contiendas, para que seáis irreprensibles y sencillos, hijos de Dios sin mancha en medio de una generación maligna y perversa, en medio de la cual resplandecéis como luminares en el mundo; asidos de la palabra de vida, para que en el día de Cristo yo pueda gloriarme de que no he corrido en vano, ni en vano he trabajado. Y aunque sea derramado en libación sobre el sacrificio de vuestra fe, me gozo y regocijo con todos vosotros. Y asimismo gozaos y regocijaos también vosotros conmigo"


Pablo estando al final de su carrera, tiene el coraje de animar a los creyentes en Filipos. Como conocía la condición humana, que siempre tiende a la queja y al descontento, les anima a que en su ausencia, se ocupen  cada uno de su relación con el Señor. Que su máxima preocupación, sea guardar su lámpara encendida, para que alumbre a todos los que les rodean y sus vidas brillando, iluminen y sirvan de provecho a los demás.

 Esta ocupación les llevaría tanta dedicación, que no darían paso a las murmuraciones ni a las contiendas entre ellos, todo lo contrario, serían luminares en este mundo y su luz por un lado serviría para denunciar el pecado y a la vez mostrar lo que el Señor ofrece, la salvación.-

Les da la base para poder lograrlo. Para ser luminares en este mundo, deberían mantenerse “asidos a la palabra de vida” (v.16). Ese asidero es seguro, consistente, verdadero y fiel. La palabra de Dios no miente ni tampoco perece. Dice el evangelio que “ni una jota ni una tilde pasará de la ley, hasta que todo se haya cumplido” (Mat. 5.18).

Pablo llega con su exhortación a los hermanos en Filipos al sumun de lo que en otras palabras se puede pedir a un creyente: “y aunque sea derramado en libación sobre el sacrificio y servicio de vuestra fe, me gozo y regocijo con todos vosotros. Y asimismo gozaos y regocijaos también vosotros conmigo” (v.17-18).

 En otras palabras; no importa lo que haya que pasar, no importa lo que el mundo nos depare, lo nuestro en Cristo, en principio, es ser partícipes del gozo y del regocijo por haber sido hechos hijos de Dios y luminares en este mundo, “para que en el día de Cristo”  nosotros igual que Pablo “podamos gloriarnos de que no hemos corrido en vano, ni en vano hemos trabajado” (v.16).-